REFLEXIÓN: La familia de Dios

“porque el que haga la voluntad de Dios, el tal es mi hermano y mi hermana y mi madre.”(Marcos 3.35 PSH)

Jesús miró a la gente que se encontraba alrededor suyo cuando impartía sus enseñanzas y les dijo indirectamente que ellos eran su madre y sus hermanos; las personas que no sólo escuchan la palabra de Dios, sino que la ponen en práctica son su verdadera familia, son de gran valor y estima para Él.

¿Eres parte de la familia de Dios? Si vives en soledad, recuerda que no sólo Jesús cuida de ti, tienes una familia en Cristo con la cual puedes contar, no tienes por qué andar aislado como un náufrago y sufrir ansiedad por ello.

“¡Oh cuán bueno y cuán agradable es para los hermanos el habitar en armonía!” (Salmos 133.1 PSH)

Para habitar en armonía con tus hermanos y hermanas en Cristo es importante que los ames como a ti mismo, apoyándolos en lo que esté a tu disposición, escucharlos, orando por ellos, comunicándote cuando falten a la congregación, visitándolos cuando están enfermos.

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Como familia debemos comprender las situaciones por las que atraviesa cada persona, a veces juzgamos directamente cuando alguien tiene problemas, cuando en realidad solamente necesitan palabras como un “estoy contigo”, “no te rindas” o simplemente estar junto a ellos en tiempos adversos.

A veces nuestros propios problemas y responsabilidades hacen que nos olvidemos y nos alejemos de nuestra familia espiritual, velemos para que no se pierdan o dejen de escuchar palabra de Dios.

Cuida a tu familia, porque es fácil que algunos se aparten del camino de la verdad.

¿Haces la voluntad de Dios?

 

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