La Biblia, la murmuración y la discusión

“HACED TODO SIN MURMURACIONES NI DISCUSIONES…” (Filipenses 2:14)

Los consejeros dicen que los gruñones son las personas más difíciles en el mundo para ayudar. No puedes satisfacerlos, pero ellos dejan que sigas intentándolo, de tal modo que terminas sintiéndote atrapado. Una vez te ganes la reputación de “quejón”, ¡la gente te evitará como la peste!

Las actitudes no surgen simplemente, las escoges. Pablo dijo: “Regocijaos en el Señor siempre” (Filipenses 4:4). El gozo es una orden. No es optativo ni negociable. La tristeza es un pecado del cual la gente religiosa es particularmente propensa a complacerse, parece ser fácilmente tolerada entre nosotros y que nunca es objeto de disciplina en la iglesia… Incluso los evangelistas de la tele no son despedidos por mostrarla con frecuencia.

El Salmista escribió: “Éste es el día que hizo el Señor; ¡nos gozaremos y alegraremos en él!” (Salmo 118:24). Él no dijo: “Ayer era el día del Señor; ¡qué feliz era entonces”!, o: “Mañana será el día del Señor; aguantaré hasta entonces”. No,“Este día, con sus bendiciones y desafíos es un regalo de Dios, así que no voy a insultarle quejándome”. Normalmente, cuando te quejas, estás pensando sólo en ti mismo y te centras en lo que no te gusta. ¡Supérate! La verdadera alegría es una elección que viene a los que se han dedicado a algo mayor que a su propia felicidad personal.

Escucha: Una vida de gratitud y servicio a otros te mantendrá joven hasta que mueras. Pero una vida llena de quejas hará que envejezcas prematuramente y posiblemente adelantará tu muerte. Así que, ¡deja de quejarte!

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