Muchas veces nos ha tocado relacionarnos con personas que caminan tristes y angustiadas todo el tiempo; tal vez nosotros mismos hemos pasado por esos momentos y a pesar de que oraron por nosotros pidiéndole a Dios que ponga gozo en nuestro corazón y nos quite esa preocupación, no hemos visto ningún resultado. Deberíamos considerar que quizás el problema no es el ánimo sino identificar el motivo que provocó esa clase de sentimientos.

Debemos tomar muy en cuenta que el enemigo no se conforma o se queda satisfecho cuando un hijo de Dios peca, la mayoría pensamos que ahí acabó su labor. Pero en realidad lo que el diablo espera es que se produzca el resultado del pecado, esto es la culpa de haber fallado a Dios y por ende el alejamiento y ruptura de la relación con nuestro Padre. Una vez que esto sucede el enemigo queda contento.

Es por esta razón que lo que debemos hacer es  buscar más allá de la tristeza, ver en el pasado cuál fue el pecado que produjo esa tristeza, depresión, etc.

No le demos ese gusto al enemigo, no le debemos darle paso, si hemos pecado, no permitamos que ese pecado dé su resultado, inmediatamente cambiemos el modo de pensar y actuar respecto al pecado arrepintiéndonos de corazón.

Recordemos que Dios quiere un corazón arrepentido para poder derramar su gracia y perdón sobre aquel que pecó.

“Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” 2 Crónicas 7:14 (NVI)

Hoy te animo a actuar rápidamente, antes de que el pecado logre su objetivo, que es quebrar la relación que tienes con Dios.

Aleja la tristeza, la angustia, la depresión de tu vida, antes de que el enemigo empiece a celebrar reconcíliate con Dios y que el pecado no haga su efecto.

 

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