REFLEXIÓN – Ya No se Pregunte ¿PORQUE?

¿Será polible que le pidamos explicaciones a Dios por temer que no le importamos? Las situaciones difíciles como la guerra en Irak, el terrible tsunami que asoló el sudeste de Asia, los aumentos del precio de la gasolina, las aerolíneas acogidas a la ley de quiebra, los despidos masivos en las empresas, y la terrible destrucción en la zona costera del sudeste de EE.UU., por parte de los azotes de los huracanes recientes, son desastres que han traído sufrimientos a cientos de miles de personas en todo el mundo. Luego de tales padecimientos, la gente ora por gozar de mejores tiempos.
Todos nos enfrentamos a tormentas de vez en cuando, algunos a unas más severas que otras. Por tanto, puedo entender por qué las personas preguntan: “¿Por qué pasamos por tormentas?”, “¿Por qué tengo tantos problemas y luchas?”, “¿No se supone que Dios me proteja?”.
Al considerar estas preguntas, he determinado que es Satanás quien las planta en nuestro pensamiento para mantenernos concentrados en los problemas y no en la bondad de Dios. Satanás procura atraparnos en la tormenta, y causa que vivamos afligidos. Sin embargo, el fin de algo siempre trae un nuevo comienzo.
¿Recuerda cuando Jesús visitó a María y Marta después que Lázaro, el hermano de éstas, llevaba cuatro días muerto? Cuando Jesús finalmente llegó, Marta le dijo: “Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.
Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará” (Juan 11:21-22).
¿De veras creyó Marta esas palabras? La verdad es que me lo pregunto, porque cuando Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará”, Marta respondió: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (vv. 23-24). En realidad, no creo que haya entendido lo que Jesús decía, porque Marta vislumbraba una posibilidad futura, no una realidad del presente. Cuando Jesús llegó, Marta no preguntó: “¿Por qué no viniste más temprano?” o “¿Por qué no hiciste algo?”. En cambio, lo que dijo fue: “Si hubieses estado aquí —si hubieses obrado— mi hermano estuviera con vida”.
No obstante, lo que dijo tuvo el mismo efecto de una pregunta. ¿No habrá muchos como Marta? Queremos que el transcurso de nuestra vida vaya sin problemas. Y cuando no marcha bien, Satanás se aprovecha de la inseguridad para hacernos dudar de que le importamos a Dios.
Casi siempre, nuestra primera reacción es preguntar: “¿Por qué?”, cuando lo que realmente queremos decir es: “Dios, si de veras te importo y me amas, tú no hubieses permitido que esto sucediera”.
En algún momento dado, ¿se ha hallado usted alguna vez preguntándole a Dios por qué existen tormentas en su vida? Aunque sea por un momento, imaginemos que Dios le diga la razón por la cual usted atraviesa dificultades. ¿Acaso la respuesta de Él cambiaría algo? Usted seguirá con los efectos de la tragedia, y el dolor será tan intenso como lo fue anteriormente. ¿Cuál será la lección que realmente usted tiene que aprender?
He comenzado a pensar que no es “por qué” lo que los cristianos verdaderamente le preguntan a Dios. Considero que la pregunta que realmente hacemos es: “Dios, ¿tú me amas? ¿Te encargarías de mi dolor y tristeza? No me dejarías solo, ¿verdad?”. ¿Será posible que le pidamos explicaciones a Dios por temer que no le importamos? En cambio, debemos aprender a decir: “Señor, yo sí creo. No entiendo, y es probable que nunca comprenda las razones por las cuales suceden las cosas malas, pero ciertamente sé que tú me amas y estás conmigo siempre”.
Creo que suele tomar más fe el atravesar por una situación de forma victoriosa que ser librado de ella. No pierda la esperanza. Si está sufriendo ahora mismo por alguna pérdida, sepa que usted está frente a un nuevo empezar. Dios ha prometido que todo obrará para nuestro bien. Ya deje de preguntarse “¿por qué?”, y confíe en Dios.

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