REFLEXIÓN: Tesoros del Corazón

¿Tienes cosas que guardas en el corazón y aún no las has compartido?

Un padre llegó a su trabajo y en su maletín encontró una bolsita que, al parecer, era de su niña de 8 años aproximadamente. En ella había un peine roto, una liga, una pelota, unas piedritas pequeñas; en fin, cosas que aparentemente ya no servían para nada y entonces las botó en el basurero de su trabajo.

Cuando volvió a casa, su hijita corriendo acudió a los brazos de su padre y le preguntó: -Papi,  ¿Viste mi bolsita, la que te puse en la maleta? El Padre le preguntó por qué y ella respondió: es que ahí están mis tesoros, cada una de esas cosas guarda una historia y son lo más preciado que tengo, olvidé ponerte la notita que decía “Papi, te amo y quiero compartir mi tesoro contigo”.

El padre, al ver esto, sintió que su corazón se partía en dos, no tenía ni idea de que su hija tenía tesoros. Así que corrió a buscar en la basura de la oficina para recuperarlos y así escuchar cada historia que contenía esa bolsita.

Muchos de nosotros tenemos cosas que atesoramos, cosas guardadas en el corazón y que no las hemos compartido con nadie, esperando tal vez que aparezca esa persona para poder compartirlas.

Y es que si hay alguien que valora mucho tus tesoros y a quien le importas por completo, es Dios.

Posiblemente vives encerrado en tu mundo y no abres tu corazón para compartir tus miedos, sueños, anhelos, historias guardadas. Él no solo está para ayudarte cuando estás mal o disciplinarte cuando estás en pecado, también es un Padre atento a escuchar todo lo que tu guardas, alguien dispuesto a reír contigo con cada anécdota que tienes y compartir momentos de alegría con cada historia que tú tengas. Dios quiere que lo consideres un Padre, un amigo, alguien en quien puedes confiar para lo que sea.

Comienza a compartir tus tesoros y todo lo que tengas en el corazón, sea bueno o  malo, vergonzoso o no. Dios ya conoce lo que tienes, pero quiere escuchar de ti lo que tienes para contar, Él también quiere escuchar tu voz.

“Señor, tú me examinas, tú me conoces. Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento. Mis trajines y descansos los conoces;
todos mis caminos te son familiares. No me llega aún la palabra a la lengua
cuando tú, Señor, ya la sabes toda.” Salmos 139:1-4 (NVI)

No pierdas el tiempo y comienza a compartir lo que tienes, Dios cuida mejor que nadie tus tesoros y todo lo que tienes en el corazón; hasta el menor detalle de tu vida lo toma en cuenta y valora.

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