Reflexión, Santiago: Fe y obras

Esta carta se debe considerar como una guía práctica del cristianismo, aunque sólo se menciona a Cristo dos veces (1:1; 2:1). Es una lección de contrastes: pruebas útiles y perjudiciales; sabiduría genuina y falsa; fe verdadera y falsa. Su contenido es práctico, con un promedio de más de una orden cada dos versículos.
Los eruditos están de acuerdo en que el escritor de la epístola es el hermano de Jesús (Mt. 13:55). Santiago se transformó en dirigente de la iglesia madre de Jerusalén después de la partida de Pedro (Hch. 12:17), fue uno de los oradores en el Concilio de Jerusalén, y fue una “columna” de la iglesia, a quién Pablo presentó su informe acerca de su experiencia como misionero (Gá. 2:2, 9).
No se identifica como apóstol (1:1), sino más bien como siervo de Dios y del Señor Jesucristo. Es interesante seguir el desarrollo de Santiago en la fe. Al principio él rechazó las declaraciones de Cristo (Jn 7:5). Después recibió una visita de Jesús resucitado (I Co 15:7), lo que tal vez resultó en su conversión porque más tarde él se encontraba entre los creyentes que aguardaban la prometida venida del Espíritu Santo (Hch 1:14). Presidió sobre el primer concilio de la iglesia (Hch 15:13–21). Santiago escribió esta carta del trasfondo de su herencia y rica experiencia en la obra pastoral.
Santiago escribió su epístola en el año 44 después de Cristo y antes de encontrar su muerte como mártir en el año 62 d.C.
Los lectores de esta carta son nombrados “las doce tribus que están en la dispersión” (1:1). El cumple con su función de pastor aun para con los ex-miembros que ahora viven en la dispersión, se preocupaba por todos los judíos convertidos al cristianismo que antes habían formado parte de la congregación de Jerusalén, pero ahora residían en otras partes del mundo. Escribe su carta a todos los cristianos que están en la dispersión, ya que no había todavía cristianos gentiles en ese período de la historia de la iglesia.

El reto a los que leen esta carta por primera vez y a todos los cristianos es: “Si posee fe genuina en Cristo para la salvación, demuéstrela.” El contenido de esta carta se puede considerar como la presentación de cuatro evidencias de la verdadera fe:
1) Los cristianos son instados a perseverar en el sufrimiento con alegría (1:2–16);
2) A servir espontáneamente como resultado de su fe (1:17–2:26);
3) Son advertidos a hablar sabiamente (3:1–4:12);
4) A mostrar buen sentido en las relaciones con otros en sus vidas (4:13–5:20).
Esta carta es un perenne recordatorio de que cualquiera puede decir que es cristiano, pero la mejor evidencia de la fe genuina se manifiesta por la manera como uno vive.
Sus características distintivas son:
1. Santiago es uno de los libros del N.T. con características más judías, esta carta contiene más de cuarenta referencias al A.T. y más de veinte alusiones al Sermón del Monte.
2. Su énfasis en la conducta cristiana, caracterizada por las buenas obras y la fe que obra (la fe genuina debe estar y estará acompañada por un estilo de vida consecuente)
3. Su organización sencilla. Por lo general, Santiago introduce un tema en forma resumida, ampliándolo más tarde.
4. Su familiaridad con las enseñanzas de Jesús presentadas en el Sermón del Monte, del cual hay ecos a lo largo de la carta. (2:5 con Mt 5:3 – 3:10 con Mt 7:15-20 – 3:18 con Mt 5:9 – 5:2-3 con Mt 6:19-20 – 5:12 con Mt 5:33-37).
5. Fue escrita en un excelente griego.

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Santiago, con su devoción a afirmaciones directas y penetrantes acerca de la vida sabia, nos recuerda el libro de Proverbios. Tiene un énfasis práctico, que destaca no el conocimiento teórico, sino la conducta piadosa. Santiago escribió con un deseo pasional porque sus lectores fueran obedientes sin reserva alguna a la Palabra de Dios.
El complementa el énfasis de Pablo de la justificación por la fe con su propio énfasis en el fruto espiritual demostrando fe verdadera. En la enseñanza de Pablo, vemos que la acción de Dios en Cristo (para la salvación de los hombres) resulta en la acción del creyente en Cristo en respuesta a la acción de Dios. Pero el método de Santiago es diferente. Su carta está llena de mandatos que dan por sentado que ha habido una experiencia. Santiago presenta al lector las demandas prácticas del evangelio. Por eso su escrito tiene tanto que ver con la vida diaria. Frente a las afirmaciones del autor, solo nos queda actuar o no conforme a las demandas del evangelio. De allí que el centro del mensaje de Santiago se encuentra en su llamado a una vida ética basada en el evangelio cristiano.
Aunque Santiago se lee en ocasiones en contraste con Pablo, tanto Santiago como Pablo están de hecho, absolutamente juntos en el punto crítico presentado por Santiago a lo largo de la carta, es decir, que la primera cosa que uno debe hacer con la fe es vivirla” (5:6)

Tanto Santiago como Pablo desarrollan el tema de la fe y las obras, cada uno desde su propia perspectiva, y cada uno para su propio propósito.

La perspectiva de Santiago utiliza la palabra fe subjetivamente en el sentido de confianza en el Señor. Esta fe activa le da al creyente perseverancia, certeza y salvación. La fe es la participación activa del creyente en la iglesia y en el mundo. Por medio de la fe recibe sabiduría (1:5), justicia (2:23) y sanidad (5:15).
La perspectiva de Pablo, por otra parte, habla con frecuencia de la fe desde el punto de vista objetivo. La fe es el instrumento por medio del cual el creyente es justificado ante Dios (Ro. 3:25, Gá. 2:16). La fe es el medio por el cual el creyente se apropia de los méritos de Cristo. A causa de estos méritos, el hombre es justificado ante Dios.

No hay contradicción aquí, veamos:
Pablo habla de la justificación delante de Dios.
Santiago describe la justificación ante el hombre.
Somos justificados mediante la fe, dice Pablo.
Somos justificados para buenas obras, dice Santiago.
Pablo está interesado en la raíz de la justificación (Cristo).
Santiago está preocupado por el fruto de la santificación (Conducta).
También tiene numerosas similitudes con la epístola de Pedro.

La primera cita, Isaías 40:6-8, Santiago hace alusión a este pasaje en el capítulo 1:10–11 y Pedro lo cita palabra por palabra 1 P.1:24.

La segunda cita proviene de Proverbios 10:12: “El amor cubre todas las faltas”. Tanto Santiago como Pedro citan este versículo (Stg. 5:20; 1 P. 4:8).
El mensaje de Santiago desafía al pueblo de Dios a una fe relevante. El evangelio cristiano no es estrecho, sino que hace sus demandas sobre la totalidad de la vida humana.

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