REFLEXIÓN: Invoca el nombre de Jesús

“Invócame en el día de la angustia; te librare, y tú me honraras”. Salmo 50:15

El mayor inconveniente no es tener problemas, sino, no tener a quien acudir cuando estamos endificultades. Miles de personas padecen enfermedades, dolencias, angustia, depresión, inseguridad, son traicionados, abandonados y no saben a quién recurrir. La idea de un Dios que se compadece de ellos parece inconcebible. Otros por su parte prefieren llevar solos sus cargas en silencio, pero muy pronto se dan cuenta que los esfuerzos humanos son limitados y pronto son quebrantados hundiéndose más y más en el sufrimiento y dolor.

Dios te dice “invócame”. Llámalo desde lo profundo de tu corazón y pídele socorro y auxilio. Al hacerlo mentalmente o con tus palabras, el acudirá en tu ayuda. Habla con él y dile cómo te sientes. Se transparente en cuanto a ello. No procures ocultarle nada. Expresa tu dolor, sufrimiento o preocupación tal como son. Tu sinceridad te conecta al corazón de Dios. El escucha a aquellos que se acercan a él con sencillez de espíritu. Y si no sabes que decir porque tu problema o dificultad ha anulado tu capacidad de pensar con claridad y no encuentras palabras para expresar tu dolor, simplemente invoca su bendito nombre y dile “Jesús ayúdame”.

Si lo haces así su promesa para ti es liberación. Invoca el nombre de Jesús y recibe sanidad, liberación, abundancia y días llenos de gozo y paz. Cree que cosas buenas vienen a ti muy pronto.

La tristeza y el dolor desaparecerán, Dios se glorificara en todas tus cosas. Por lo tanto, honra al Señor con tu vida, con tus labios y con tus bienes.

Oremos así:

“Jesús te invoco en el día de mi angustia. Los problemas y necesidades nublan mi entendimiento y me cuesta expresar este dolor. Solo te pido que me ayudes.

Tu promesa es liberación. Recibo ahora sanidad, restauración y bendición abundante en cada área que mi vida lo necesite.

Te alabo por lo que haces en mí y a través de mí. Honro tu nombre con mi vida, con mis labios y con mis bienes conforme dice tu palabra.

Pido, creo, declaro y recibo esta bendición y mucho más al invocar el nombre precioso de Jesús.
Amen”.

 

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