REFLEXIÓN: El especialista

Una historia cuenta que, mirando por la ventanilla del ferrocarril, una niña sintió que había entrado en su ojo  una partícula de carbonilla del humo de la máquina.

La madre, desesperada por la queja de la niña,  hizo cuanto pudo para librarla de lo que la hacía sufrir, aunque todo resultó inútil.

Un caballero que estaba sentado cerca le ofreció su ayuda, pero la madre no aceptó desconfiando de lo que podría suceder si el desconocido tocaba el ojo de su hija.

Al día siguiente,  después de una mala noche y de que la dolencia de la niña se había agravado, la pequeña fue llevada al oculista.

La sorpresa de la madre fue grande cuando vio que el oculista era nada menos que el desconocido del tren.

Lo mismo puede haberte sucedido, mientras ibas en el tren de tu vida, algo entró en tu vida y has estado luchando contra ese intruso sin ningún éxito, lo único que has logrado es irritar más tu herida y te resistes a que otra persona te ayude.

No tienes que pasar una noche mala ni debes esperar a que tu molestia se agrave para recurrir al especialista. Él está sentado junto a ti ofreciéndote su ayuda y no importa si se tratan de molestias físicas, emocionales, psicológicas, económicas, familiares, laborales o de cualquier otra índole, Dios tiene el remedio exacto para todas ellas.

“Él perdona todos mis pecados y sana todas mis enfermedades. Me redime de la muerte y me corona de amor y tiernas misericordias.  Colma mi vida de cosas buenas; ¡mi juventud se renueva como la del águila!” Salmos 103:3 – 5 (NTV)

Confía en Jesús y permite que cure tus heridas, no necesitas estar sufriendo cuando hay alguien dispuesto a sanarte y liberarte de aquello que te lastima. Él es especialista en imposibles y  jamás hará algo para lastimarte, lejos de eso quiere sanar tus heridas, darte vida abundante y bendecirte.

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