REFLEXIÓN – Desafiados a CRECER

La clase pasada vimos el ejemplo de Jacob; quien vivía de conflicto en conflicto, viendo siempre el error ajeno, hasta que por fin pudo entender que la solución estaba en dejarse cambiar por Dios. El Señor veía al príncipe detrás del tramposo. Dios siempre ve lo que nadie puede alcanzar a entender. Es por ello que muchas veces observamos las circunstancias que nos tocan atravesar y creemos que no hay salida o que nada de ese problema pueda ayudarnos a crecer. Sin embargo, Él ve el cuadro completo y nos anima a perseverar y continuar el camino confiando en su amor. El tomarnos de su mano y seguirlo, nos va transformando de a poco. Sin embargo, también hay decisiones que nos tocan elegir para seguir avanzando espiritualmente.

En 2 Pedro 3:18 la Palabra nos habla de no estancarnos, sino avanzar siempre, buscando cada vez más de la gracia y el conocimiento de Dios. Y en Gálatas 6:9, nos enseña acerca de la importancia de no cansarnos de hacer el bien.
Ya has llegado hasta aquí, has perseverado tanto que estás a un paso de ver el resultado.

Luego de perdonar una y otra vez a alguien, puede venir el cansancio y las intenciones de dejarlo de lado, sin embargo, Dios hoy nos anima a perseverar. Aunque otros tomen malas decisiones, nosotros tenemos un Dios que renueva las fuerzas y nos da la victoria. Si hoy te sientes cansado, pídele al Señor ese renuevo y sigue adelante. Sigue sembrando, creyendo porque tu actitud es la que marca la diferencia.
Aunque sea más fácil hacer el mal, decir una mentira antes que enfrentar la verdad, enojarse que perdonar; en realidad lo que nos hace crecer es seguir el ejemplo de Jesús. El obedecer a los deseos de la carne, aunque se nos ocurran mil excusas, nos detiene en nuestro andar espiritual. Dios nos anima a hacer el bien, pues si perseveramos, veremos la victoria! ¡Vale la pena seguir perdonando y teniendo esperanza!
¡Ya has pasado tanto seguramente, ya has llegado hasta aquí, no es tiempo de bajar los brazos, sino todo lo contrario! Hoy es un día de renovación, de dejar atrás lo que te desanima y volver a creer lo que Dios tiene para ti por delante.
En Gálatas 5:7 la Palabra se dirige hacia quienes habían comenzado bien pero por algún motivo, algo los desanimó y menguaron sus fuerzas en la carrera. ¿Hubo algo o alguien que te provocó desánimo o desilusión? ¿Ha cambiado tu forma de orar o de buscar a Dios? Hoy, sin duda, puedes retomar esa búsqueda, si tan solo te dispones a volver a confiar en tu Creador.
La maratón espiritual
La vida no es una carrera de 100 metros, donde lo primordial es la velocidad, sino que es como una maratón, donde la resistencia es lo que vale. Tenemos una meta a largo plazo, pero contamos con la ayuda del Espíritu de Dios a nuestro lado a cada paso. En lo natural, si uno observa una maratón, podremos ver que los competidores, en la línea de largada están limpios, peinados y con todas sus fuerzas intactas. Sin embargo, si nos posicionamos en la línea de llegada, los veremos un tanto más desalineados, seguramente con algún raspón de la carrera y demás. Tu meta es a largo plazo. Y si en la carrera te topas con algo que te hace deslizar, lo importante es levantarse y continuar enfocados en lo que Dios tiene dispuesto por delante. ¡El Señor premia a quienes perseveran y se dejan guiar por Él!
La transformación de Jacob no fue entender a la perfección el conflicto en sus parientes, sino dejarse moldear por Dios. El sentirse víctima de una situación es solo el comienzo de la carrera, en algún momento, nos deberemos levantar y tomar la autoridad que el Señor nos ha dado para continuar hacia la meta.
Cómo completar la carrera
¿Es posible llegar a la meta? Nadie va a obligarte, sino que crecer espiritualmente depende de tu decisión. ¿Qué es lo que nos lleva a seguir avanzando en la vida? A continuación veremos tres verdades que nos llevan a crecer espiritualmente:
1) Tomar tiempo a solas con Dios. El crecimiento espiritual es intencional. Es decir, si deseas crecer, tienes que proponerte buscar más del Señor. Esto es, además de las reuniones en la iglesia, también a solas. Lo cual se refleja luego en alinear los pensamientos a la Palabra y seguirla en nuestra vida cotidiana. Y aunque aparezcan tropezones, el levantarse y perseverar es lo que va a traer la recompensa. Él te ama y desea pasar tiempo contigo. Y cada vez que pasas momentos con Dios, algo de su presencia se queda en ti y te hace crecer. Si así lo decides y lo declaras por fe, entonces verás el cambio.

2) Llenar la mente con la Palabra de Dios. Así como la falta de alimento natural debilita el cuerpo y trae mal humor; la falta de la Palabra de Dios (nuestro alimento espiritual) nos hace sentir débiles en la fe y las relaciones interpersonales son más conflictivas. Lo que está revelado en la Biblia, no son palabras sabias de algún autor, sino que provienen del Creador de todo. Tal como lo declara en Mateo 4:4, es el alimento de nuestro espíritu. Si deseas crecer espiritualmente, debes buscar que las Escrituras te guíen y te revelen la verdad, cada día. El llenar la mente de la Palabra de Dios (San Juan 8:31-32, Romanos 12:1-2) trae liberación y equilibra los malos pensamientos que tanta frustración pueden provocar en nuestra vida. Son palabras espirituales que producen seguridad, paz y libertad. En Jeremías 29:11, Dios habla de los planes que tiene para cada uno de nosotros. ¡Su deseo es verte transformado, lleno de fe y poder para que marques la diferencia en este tiempo!

3) Enfocarse en la meta que tenemos por delante (y no en los problemas y derrotas de todos los días). El objetivo del cristiano es perseverar en la carrera así como lo hizo Jesús hasta llegar a la victoria total. A pesar que puedan surgir trabas en nuestro camino, debemos dejar que Dios sane las heridas, que podamos practicar el amor y el perdón sincero y perseverar en la oración y en la Palabra, sin desanimarnos. Comienza a encauzarte en los planes de Dios (Filipenses 3:13-14) y sigue avanzando. Sigue creyendo y sigue buscando. Pon tu esperanza en Cristo pues de esa manera, ¡ya estás siendo transformado!
El proceso ya ha comenzado. Confía en el Señor, pues está a tu lado para ayudarte. Avanza de a poco, con pasos firmes y dejando el pasado atrás. Busca cada día un tiempo con el Señor y permite que su Palabra te guíe y te ayude a mejorar.
¡Dios te dará la victoria! Porque ha decidido amarte y te ayudará a continuar en esta carrera de fe. ¡Recibe lo nuevo del Señor y abraza este desafío a crecer!

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