REFLEXIÓN – De un SUEÑO al Palacio

El sentirnos amados por Dios no sólo provoca que comencemos a soñar, sino que en este primer sueño lo que vemos es cómo el mundo se postra delante de nosotros.

En su primer sueño, José vio a aquellos que lo criticaban someterse a él. Pero ese primer sueño despertó la envidia de sus hermanos.

Y es que, en el camino hacia el nuevo nivel de prosperidad al que Dios nos quiere llevar, tendremos que ver lo que aparentemente es la muerte de nuestro sueño, en repetidas ocasiones.

Cuando esto suceda, lo que tenemos que hacer es lo que hizo José, acostarnos y volver a soñar, y esta vez, que el sueño sea más grande.

El primer sueño de José fue un sueño terrenal. Manojos de trigo se postraban delante de él. Pero el segundo sueño de José fue un sueño divino. Esta vez, el sol, la luna, y las estrellas eran las que se postraban ante él.

Y en esta ocasión fue su padre quien le reprendió por el sueño que había tenido. José vio morir su sueño una vez más.

Y no bastando con esto, sus hermanos lo venden; y después que llega al palacio, sabemos también que en un momento dado lo encarcelan. A lo largo de todo el camino hacia el destino de Dios para su vida, José tuvo que ver su sueño aparentemente morir, una y otra vez.

Y es que llegará el día en que, como a Abraham, Dios te va a pedir que sacrifiques tu sueño, porque no es hasta que tu sueño muera, que puede entonces manifestarse el sueño de Dios para tu vida. Y ese día, como Abraham, debes confiar y demostrar que tu sueño no es más grande que el Dios que te lo dio.

El día que haces tu sueño más grande que el Dios que te lo dio, comienzas a tener faltas de carácter que lo destruyen; y es mejor que sacrifiques tu sueño, a que lo destruyas.

El sueño de Dios no es solamente que la tierra se someta a ti, sino que la tierra pueda ser bendecida a través de ti.

Luego de ver su sueño cumplido, sus hermanos postrados delante de él, José tuvo que matar el sueño de quizás burlarse de aquellos que lo habían criticado, condenado, envidiado, y hasta vendido, para que se cumpliera el segundo sueño, el sueño de Dios, el propósito de Dios detrás del sueño, que José bendijera a sus hermanos, preservando así sus vidas.

Sí tienes que conquistar la tierra, pero si permaneces en este nivel, te mantendrás en una lucha constante por no perder la tierra conquistada; mientras que, si entras al nivel del cumplimiento del propósito de Dios, el que se encarga de postrar delante de ti a tus enemigos es Dios, porque él sabrá que para ti tu sueño no es más grande que el Dios que te lo dio.

Si eres de los que ya no sueñan porque has visto morir tu sueño una y otra vez, o si estás en el momento en el que necesitas sacrificar tu sueño, este mensaje es para ti. Por algo Dios te ha dada un sueño, y ha preservado tu vida a través de todas tus circunstancias.

Atrévete a hacer lo que sabes que tienes que hacer, y estarás un paso más cerca de la manifestación del destino de Dios para tu vida.

Escrito por Pastor Otoniel Font

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