Reflexión de hoy – Vencer el temor al fracaso

Cierto día, un joven llevaba consigo cinco panes y dos peces, vio una enorme multitud de personas que escuchaban al Maestro de Nazaret, ya era tarde para comprar alimento, además, doscientos denarios era insuficientes, también, estaban en pleno desierto, lejos de aldeas y ciudades. El joven tomó la decisión de ofrecer sus alimentos para que Jesús decidiera qué se hacía con ellos. ¿Se expuso a la crítica, burla, rechazo y vergüenza? Sí. ¡Jesús aceptó tal ofrecimiento y con ellos alimentó a miles de personas!

La gran diferencia entre disfrutar una vida plena o lamentar toda una vida, radica en la firme decisión que tomes para superar tus miedos y temores al fracaso.

Pensemos por un momento, sí este muchacho hubiera sido vencido por sus miedos y temores ¿Qué hubiera pasado? Jesús podía haber realizado otro milagro, pero el joven se hubiera pasado el resto de su vida lamentando no haber sido capaz de vencer su miedo al rechazo y al fracaso.

Sin embargo, imagino, que el resto de la vida de este valiente muchacho fue de una alegría inmejorable, de una satisfacción única y saberse que un día su talento fue usado por Cristo para alimentar a cinco mil hombres y muchas mujeres y niños.

EL MIEDO ES EL ENEMIGO NÚMERO UNO DEL HOMBRE (vr.25).

Dicho de otra manera: El peor enemigo del hombre es él mismo. Miedo a fracasar, a que se burlen de él, a ser rechazado, a la crítica, a ser lastimado, miedo a escuchar que le digan: NO. El hombre de la parábola tuvo miedo a perder el talento recibido, creyó que era más seguro esconderlo que trabajarlo, invertirlo o al menos, guardarlo en un banco.

EL LAMENTO ES LA EXPERIENCIA MÁS DESAGRADABLE DEL HOMBRE MIEDOSO (vr. 30).

Toda persona, al menos una sola vez en su vida ha tenido que lamentar el haber sido paralizado por sus miedos y temores. Lo que ha pronunciado de allí en adelante es: SI HUBIERA…llenado esa solicitud de empleo, tocado esa puerta, iniciado ese negocio, pedido perdón, aceptado el liderazgo, etcétera.

LA GRAN PÉRDIDA (vrs.28, 29).

La pérdida de las capacidades y habilidades de hacer bien las cosas es lo que resulta de ser gobernados por nuestros temores. No solo se pierde la habilidad, también, la pericia, el arte y la excelencia. Solo recuerdos es lo que atesoramos en nuestro corazón, quizá un leve anhelo por intentarlo una vez más.

Ver como las otras personas que sí se pusieron a trabajar sus talentos, están recibiendo más y mejores dones y oportunidades para trabajar. A nosotros, hasta se nos ha quitado lo que teníamos.

EL SECRETO PARA VENCER EL MIEDO Y TEMOR CONSISTE EN:

Preguntarse así mismo ¿Qué es lo peor que me puede pasar sí fracaso?
Burlas, críticas, rechazos, ser el hazme reír de la gente, que las personas sientan lastima por mí, etcétera.

Sin embargo, descubrirás que al arriesgarte a vencer tus temores has logrado:

1.- Ser una persona arriesgada, decidida y valiente. Eso importa mucho para el futuro de tu vida. Demuestra que puedes vencerte a ti mismo.

2.- Nunca lamentarás haber superado tus temores. Estarás dispuesto a aceptar retos futuros.

3.- Crecerás y obtendrás madurez integral en tu vida. Sí tu espíritu, alma y cuerpo obtendrán un gran incentivo para el resto de tu vida.

¡Decidirse de una buena vez a hacer las cosas! Dios, tu familia, la iglesia, la sociedad, tu País y el mundo requieren de gente que tiene la capacidad de decisión para hacer las cosas cuanto antes, gente que hace que las cosas sucedan y no esperar que las cosas sucedan, para ver qué hace entonces.
Negocia tu (s) talento (s) (vrs. 16,17).

La inteligencia, sabiduría, el intelecto, las habilidades, la creatividad, la iniciativa, todo lo que Dios te ha dado y quiere que lo trabajes. El lugar donde el Señor te ha colocado, las personas que ha puesto cerca de ti y todo aquello sabes es para emplearlo en esta vida o en Su obra. Debes estudiar, capacitarte, prepararte, superarte y progresar constantemente.
Espera ganar siempre (vrs.20, 22).

Los dos primeros hombres duplicaron su inversión. El Señor elogió, ascendió, y recompensó a los arriesgados, decididos y responsables. En realidad, duplicar la inversión no es mucho, pero el Señor premió la actitud asumida.

Disfruta las recompensas (21,23).

Dios recompensa, Dios elogia, Dios asciende a la persona cuando esta sabe trabajar. Gozo, Dios llena nuestra vida de un gozo singular y especial. Desde luego que debes sentirte lleno de felicidad por todo aquello que Él te permite disfrutar aquí en la tierra, en el cielo ha de dar otra recompensa.

Conclusión: La gran diferencia entre disfrutar una vida plena o lamentar toda una vida, radica en la firme decisión que tomes para superar tus miedos y temores al fracaso.

Iniciar, continuar y concluir tus metas personales es lo que produce la satisfacción de haber decidido poner a trabajar los talentos dados por Dios.

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