Reflexión: Abraham fue justificado por la gracia de Dios

El punto decisivo de este pasaje está en el versículo 16. Dios cuenta la fe del creyente como justicia a fin de que la salvación sea por gracia. Si no fuera por la gracia soberana de Dios que provee un camino de salvación, ni siquiera la fe de una persona podría salvarle. Por eso es que la fe no es simplemente otra forma de obra humana, como algunos teólogos han sostenido a lo largo de los siglos. El poder de salvación, o justificación, está en la gracia de Dios, no en la fe del hombre. La fe de Abraham no fue justicia en sí misma sino que le fue contada como justicia sobre la base de Aquel que se encargaría por sí mismo de proveer en su gracia, para todos los creyentes incluyendo a Abraham, la justicia que ellos nunca podrían alcanzar por sí mismos.

La gracia es el poder divino que trae justificación a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia.

Ciertamente la herencia va a venir a nosotros ya que está garantizada por la gracia infalible de Dios. En cambio, si dependiera de nuestra conducta, de nuestras buenas obras y de nuestra obediencia a la ley no podría tener ninguna firmeza, porque aun somos débiles, falible y pecaminosos. Pero la salvación y la herencia prometida están aseguradas por la gracia divina que nunca falla y sigue repartiendo favores inmerecidos hasta el final.

Abraham fue llamado de Ur de los caldeos, él era un pagano idolatra. Antes del pacto de Dios con Abraham no había judíos y por ende tampoco gentiles, hablando en términos estrictos; pero el punto de Pablo aquí es que Dios contó la fe de Abraham como justicia antes de que existieran tales distinciones. Fue por esa razón que la fe de Abraham fue una fe universal que se aplica a toda la humanidad y no tan solo a los judíos, aquella descendencia que es de la ley; y es por esa razón que Abraham llegó a ser padre de todos nosotros, esto es de todos los que confían en Jesucristo sin importar su legado racial ni religioso. Abraham fue el prototipo espiritual de todo creyente genuino. Él fue un pecador pagano, idólatra e impío que no confió en sus propios esfuerzos sino en el promesa de gracia de Dios.

Salvación por poder divino, no por esfuerzo humano. Vs. 18-25

Pablo nos proporciona una imagen que nos ayuda a entender, tomando como ejemplo a Abraham y se nos dice que el creyó esperanza contra esperanza.

¿Qué significa esperanza contra esperanza?

Significa en este contexto que hay dos tipos de esperanza, una natural y una sobrenatural. Contra toda esperanza natural, Abraham creyó en la esperanza sobrenatural, la que Dios le había expuesto. Naturalmente sabía que era absurdo albergar una expectativa razonable en cuanto a que de su unión con Sara naciera un niño, ya que ambos tenían una edad avanzada y podían darse por muertos respecto a engendrar hijos, pero Dios dijo que iban a tener uno (y después de éste otros descendientes) del cual vendría el Mesías y luego muchos gentiles; y se nos explica que Abraham creyó en esa esperanza masiva y sobrenatural que Dios le había dado a esa pareja sin esperanza natural.

La fe verdadera no solamente no tiene dudas, sino que además basa toda su confianza en la promesa de aquel que no puede mentir. No necesita de nada más. Si el Todopoderoso ha hablado, si ha revelado lo que piensa acerca de un asunto, así será; por lo menos, esta es la reacción cuando está actuando una verdadera fe. No importa la imposibilidad, si ha dicho que va a suceder así será. La fe mira al Omnipotente que ha dado la promesa; por eso las circunstancias adversas no sacuden esta confianza ni tampoco es perturbada por la magnitud de la promesa. Pero a todo esto, Dios cambió el nombre de Abram por Abraham que significa padre de muchas naciones. Algunos de sus vecinos probablemente se reirían de él. Este mundo, en su triste ignorancia, siempre va a burlarse del cristiano (en la isla de los ciegos, al único tuerto, hablando interminablemente de algo que se llama luz, se le tiene por loco).

En este pasaje vs. 18-21, Pablo hace una lista de siete características claves de la fe de Abraham y de toda la fe que es dada por Dios, la única clase de fe que resulta en salvación:

  1. El apóstol declara acerca de Abraham que el creyó en esperanza contra esperanza. Los términos esperanza y fe están relacionados pero no son lo mismo. En este caso, esperanza es el deseo con respecto a algo que puede ser cierto o puede ocurrir, mientras que la fe es la firme confianza de que algo es cierto y va a ocurrir. El objeto de la fe de Abraham era Dios y en particular su promesa. Gen. 15:5-6
  2. Pablo declara que Abraham le creyó a Dios y no se debilitó en la fe. Debilitarse en la fe es permitir que la duda nuble y destruya en parte la creencia. Hasta este momento, Abraham no había sido testigo de ningún milagro de Dios. Nunca había visto levantar una persona de los muertos, no obstante él creyó. Leamos esta característica en Heb. 11:17-19.
  3. Su fe evitó que se desanimara en vista de su propia debilidad natural, casi 100 años. La impotencia natural no era un problema para Abraham, ya que su fe estaba puesta en el Dios sobrenatural, el cual le había creado desde el principio. Un caso similar nos presenta la fe de Noé. Heb. 11:7. No construyó el arca solamente porque hubiera necesidad de hacerlo (en ese momento, nunca había llovido sobre la tierra), sino únicamente porque esa fue la comisión divina que le fue asignada. Él se no limitó solo a creer sino que mientras la construía se convirtió en pregonero de justicia. 2 P. 2:5
  4. No dudo de la promesa de Dios cuando las circunstancias que le rodeaban parecían hacer imposible su cumplimiento. La esterilidad de Sara no fue un impedimento para la fe de Abraham, al igual que la impotencia de su propio cuerpo. Gen 18:11-14 17:21.
  5. Tampoco dudó por incredulidad de la promesa de Dios. Cuando desde el punto de vista humano las cosas van por buen camino, es fácil confiar en Dios; pero cuando las cosas parecen imposibles, es todavía más fácil perder la confianza en Él. Sara fue una mujer de fe. Heb. 11:11; pero antes de que su fe llegara a ese punto de confianza absoluta, dejó escapar su risa cuando escuchó la promesa Gen. 18:12. Al igual que Sara, Abraham no se rió, sin embargo, admite delante de Dios abiertamente que no entendía como se llevaría a cabo esa promesa Gen. 15:1-3 No obstante, una fe que lucha no se puede equiparar con la duda, así como la tentación para pecar no es el pecado mismo. El mismo hecho de que Abraham estuviera tratando de entender cómo podría cumplirse indica que él estaba buscando una vía de cumplimiento aunque no pudiera ver la manera de hacerla realidad. Una fe más débil seguramente hubiera sucumbido ante la duda. La lucha sincera con problemas espirituales, proviene de una fe fuerte y temerosa de Dios. Las pruebas que Dios aplica a la fe de sus hijos están diseñadas para fortalecer su confianza y ellos deberían darle gracias por ella, así parezca muy difícil de hacer en el momento Stgo. 1:2-4. Cuando Abraham fue probado resulta ser que se fortaleció en fe.
  6. Su fe estaba dando gloria a Dios. La fe piadosa glorifica a Dios. Aquel que da la fe recibe todo el crédito y en consecuencia, cualquier fe que no glorifique a Dios no está puesta en El ni proviene de Él. Esta fue la posición de los tres jóvenes hebreos al negarse a adorar la imagen de oro, pues su preocupación era honrar, obedecer y glorificar a Dios. Dn. 3:16-18.
  7. Abraham estaba plenamente persuadido de que la promesa de Dios era cierta y que Su poder era más que suficiente, ya que estaba convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que le había prometido. Esta frase resume el hecho de que su fe en Dios era completa e ilimitada.

La Aplicación de la fe de Abraham vs. 23-25

Toda esta disertación prolongada acerca de Abraham y su fe no tiene la menor intención de ser meramente académica, Pablo desea que la apliquemos a nuestras vidas. Abraham es un ejemplo, el modelo si quieres; pero habrá copias del mismo. Dios va a actuar y ha actuado en la misma forma con todos sus hijos, de modo que la fe de Abraham fue contada por justicia asimismo este principio divino es aplicable a todo el que confía en el Hijo de Dios.

La historia de Abraham y su fe es importante para nosotros en la actualidad porque los hombres se salvan ahora exactamente sobre la misma base sobre la cual Abraham fue salvado, a saber, confianza en Dios. Incluso la obra de sacrificio de Jesús fue la provisión para el pecado de Abraham, por medio de la cual Dios le salvo. Los hombres de hoy día tienen más revelación divina de la que recibió Abraham a lo largo de su vida y durante muchos siglos después no existió una palabra de Dios por escrito y, sin embargo, Jesús declaró categóricamente a los líderes judíos incrédulos: Abraham vuestro padre se gozó de que habría de ver mi día; y lo vió y se gozó. Jn. 8:56

Si a pesar de haber contado con una revelación limitada Abraham pudo anticipar al Salvador, y creer que Dios podía levantar una persona de los muertos ¿Cuántas razones más no tienen hoy los hombres para creer que el Padre ciertamente levantó de los muertos a Jesús Señor nuestro Jn. 3:16?

La salvación lleva consigo dos elementos:

  1. La purificación de nuestros pecados. Is. 53:5 – Hch. 2:23. Él fue abandonado al castigo que merecía la culpa de nuestro pecado y, por eso recibimos a cambio una entera exoneración de nuestra rebelión. ¿Puedes profundizar en la maravilla de eso?
  2. Ser revestidos de la justicia de Dios. Por medio de su resurrección, el Padre está completamente satisfecho, con la obra redentora de Su Hijo, que su ley ha sido fiel y consumadamente guardada, consumada y reivindicada.

Bien, hasta aquí Pablo ha declarado, ejemplificado y probado hasta lo sumo el gran tema de la justificación por fe. Todos los argumentos contrarios quedan destruidos sobre el piso, en pedazos, y ahora el apóstol avanza a considerar los resultados y consecuencias de todo esto en aquellos que creen.

 

 

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