Recomendaciones para manejar las emociones fuertes (estrés, ansiedad, depresión, coraje)

Los procesos de los seres humanos pueden ser complejos y ciertamente demandantes a nivel emocional. Las circunstancias que se enfrentan pueden provocar emociones fuertes que conocemos como estrés, ansiedad, depresión, coraje, entre otros. No obstante, no es solo la manifestación de alguna de estas emociones sino el impacto que pueden tener a nivel fisiológico.

Hacemos referencia a 1 Tesalonicenses 5:23 para establecer la composición del ser humano de tres áreas importantes: espíritu, alma, cuerpo. Estas tres áreas operan cada una en sus funciones particulares pero, de igual forma, tienen interdependencia y correspondencia en sus funciones. Incluso podemos hablar de complementariedad entre estas y como la función de una puede afectar positiva o negativamente el resto del funcionamiento integral.

Cuando el ser humano enfrenta una circunstancia que emocionalmente le desestabiliza, la intensidad de la emoción pudiera ser elevada. En muchas ocasiones esa intensidad no encuentra válvulas de escape para poder liberar parte, si no toda esa intensidad. Es importante aclarar que no se trata de negar lo que está sucediendo o se está confrontando. Sin embargo, el que pueda regularse la intensidad de la emoción puede prevenir una exacerbación emocional que genere toxicidad y afecte otras áreas de ejecución.

El estrés

Un ejemplo que, en esta época, tiende a ser bastante cotidiano es el estrés. Si utilizamos esa emoción como referencia pudiéramos describir su manifestación como un nivel elevado de perturbación y preocupación sobre el evento, persona u objeto estresor, alteración en patrón de sueño, irritabilidad, fatiga mental, dificultad para concentrarse. Cada una de estas manifestaciones, al dirigirlas a nivel fisiológico podemos identificar el daño que puede generar.

La dificultad en concentración es la inhabilidad que enfrenta el cerebro de enfocarse en la tarea a realizar. La irritabilidad provoca un nivel de defensa e hipervigilancia que afecta a nivel cardíaco y puede provocar taquicardia y alteración en ritmo de pulsaciones.

Se tiende a justificar la intensidad de la emoción porque hay circunstancias aparentes que explican su manifestación. No obstante, la protección de nuestro cuerpo debe llevarnos a canalizar la intensidad aún cuando reconocemos la emoción e identificamos de dónde proviene. Poder crear un sentido de preservación y prevención podrá dar paso a reconocer la emoción y su detonante y, de igual forma, proteger nuestro cerebro, el corazón, y el resto del sistema fisiológico. Quizás te preguntes; ¿cómo se hace?

Algunas recomendaciones que pueden ayudar:

  1. Reconoce aquellas cosas que pueden tornarse en detonantes de emociones negativas. El apóstol Pablo ofrece una alternativa en 2 Corintios 10:5b para cuidar tu mente y canalizar los pensamientos.
  2. Mantén distancia saludable. Esto incluye relaciones que pueden ser tóxicas.
  3. Si las relaciones se dan dentro de escenarios de los que no puedes distanciarte (trabajo o familia extendida) sé intencional en espacios de desintoxicación. Lograr desconectarte protege de dinámicas que no están en tu control pero no dejan de impactarte.
  4. Relaciónate con personas que te sumen, no que te resten ni te carguen. Es bueno desahogarte pero cuida con quien lo haces. El salmista dijo en el Salmo 32:3 “mientras callé, envejecieron mis huesos”.
  5. Ejercítate. Caminar en un lugar abierto, músico terapia, cambiar el escenario por un rato, aún cuando eso implique ir al estacionamiento de tu lugar de empleo, al patio de la casa, un parque cercano, te concederá tiempo de oxigenación, tu cerebro recibirá otro estímulo más placentero (beneficioso) y podrás renovar e higienizar tu mente y cuerpo.
  6. Utiliza las disciplinas espirituales. Ora, lee, reflexiona, trabaja y ejercita el dominio propio. Recuerda lo que dice Efesios 4.
  7. No olvides tu cuidado médico. Siempre es importante ese cotejo anual.

Es posible que pienses que no lo merecen. Quizás digas “no daré mi brazo a torcer”. Si esa es la línea de pensamiento, ya has alcanzado cierto nivel de toxicidad que podría exacerbar emociones negativas y enfermar tu cuerpo y espíritu. Todo lo que puedas prevenir será para tu beneficio. Te instamos a que siempre pienses que no se trata de otros sino de lo que mereces. Te mereces regalarte paz.

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