REFLEXIÓN: El real problema 1/2

Ella… su problema no era lo mala e hipócrita que era sino lo buena que pensaba ser. Su problema no era que no quisiera ser una chica que amara y honrara a Dios, ella de verdad deseaba ser una joven piadosa, su problema era que pensaba que podía lograrlo con sus propias fuerzas y capacidades. Su problema no era que no leyera la Biblia ni oraba (aunque a decir verdad en un tiempo no hizo nada de eso), su problema era que pensaba que Dios la iba amar más o menos por lo mucho o poco que orara, estudiara la palabra o sirviera en su iglesia. Su problema no era todo el orgullo que albergaba en su corazón, su problema era el disfraz de FALSA HUMILDAD que andaba exhibiendo. Su problema no era que andaba con faldas cortas ni pronunciados escotes, su problema era la FALSA MODESTIA que lucía.

Su problema no era que luchaba cada día con la mentira, su problema era que no se atrevía a ser lo suficiente transparente como para reconocer que tenía un problema y pedir ayuda. Su problema no eran sus pecados, su problema era que los trataba de cubrir por ella misma en vez de confesarlos a Dios y reconocer la suficiencia del sacrificio de Jesús. Su problema no era estar en bares, tomando alcohol y viviendo “la vida loca”, ella nunca fue a un lugar de esos, su problema era que por estar muchos días a la semana en una iglesia cristiana, llamándose cristiana pensaba que podía ganar el favor de Dios.

Comenzaré por decir que la persona descrita arriba era yo, sí, yo. Esa eran algunas de mis luchas, de mis pecados (Y honestamente aún lucho con muchísimas cosas, estoy muy lejos de ser perfecta, pero ya sé que no son mis méritos sino los de Cristo, que no es mi justicia sino su rectitud). No siento orgullo de decir estas cosas, pero por la gracia del Señor tampoco siento vergüenza. Hoy soy libre para hablar de ellas sin remordimientos ni culpabilidad sencillamente porque hoy sé que en el perfecto sacrificio de Jesús soy perdonada, soy salva por gracia y esa es la verdad que me ha hecho libre.

El mayor problema de muchos cristianos que hemos crecido en las iglesias o que llevamos mucho tiempo conociendo del evangelio es que como no hemos tenido una vida de inmoralidades pensamos que somos buenos o que no tenemos cosas de las cuales arrepentirnos.

Si una persona moralmente correcta se compara con un asesino, según los estándares humanos el moral es mejor o más bueno que el asesino; pero según lo que la biblia nos enseña ambos son pecadores e injustos delante de Dios y no tienen ninguna vía de ser perdonados y justificados que no sea Jesús. En Lucas 7:36-50vemos un cuadro que explica muy bien lo que digo: la mujer pecadora, el fariseo y Jesús. Una mujer que reconocía su condición de pecado y un hombre orgulloso que para sus adentros dudaba de Jesús por dejar que una pecadora lo tocará, pero tanto la mujer como el fariseo necesitaban gracia y perdón la diferencia era que la mujer si reconocía su condición.

Tenemos que entender algo de nuestra condición como seres humanos, y es que nunca seremos suficientes para limpiarnos a nosotros mismos, mientras pensemos que sí, seguiremos sucios.

El reto que tenemos hoy es reconocer que ya Él, Jesús, ha vencido todos nuestros retos.

Accede a la segunda parte aquí.

Licelot Santana – YoSoyDinamico.Com

 

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