7 similitudes entre la iglesia y el gimnasio

Nunca he sido alguien a quien le guste los deportes ni las actividades físicas, pero este año tuve que comenzar a ejercitarme en el gimnasio por razones médicas. Al principio fue difícil, pero de poco a poco empecé a mejorar mi calidad de vida. Durante el tiempo que he estado asistiendo, me he dado cuenta de que hay ciertos aspectos en los que ejercitarse se parece a la vida cristiana. De mis reflexiones diarias, pude llegar a las siguientes conclusiones:

1. La motivación de cada uno es diferente.

Las causas que llevan a alguien al gimnasio pueden variar de persona en persona. Cada quien tiene su propia razón para comenzar a ejercitarse y eso influye en su desempeño. Asistir a la iglesia también es producto de una motivación personal, que posteriormente se refleja en la vida cristiana. Todo resultado depende de su origen.

2. Asistir no es suficiente.

Si uno realmente quiere llevar una vida saludable, sabe que ir al gimnasio no es suficiente. La alimentación juega un papel sumamente importante en el bienestar físico y la salud, pero eso es algo que se practica fuera del gimnasio. De nada vale ejercitarse diariamente si se tiene malos hábitos alimenticios. De la misma manera, en la vida cristiana no basta con ir a la iglesia. Uno debe de desarrollar una relación personal con Dios en su diario vivir y tener fe en Él no solo en la congregación. Si no se tiene una comunión permanente con Dios, asistir al templo es casi en vano.

3. Tu actitud sí importa.

Ir al gimnasio solo a mirar a otros o a alardear, mas no a hacer ejercicios, es una pérdida de tiempo y dinero. Ir a la iglesia a criticar o a actuar como un líder déspota, es también perder el tiempo. La disposición con la cual uno hace las cosas tiene un papel relevante en el desempeño y la madurez espiritual. Es allí donde se demuestra cuál es el incentivo por el cual uno va a la iglesia o pretende ser seguidor de Cristo.

4. El progreso no es el mismo para todos.

Desanimarse porque alguien en el gimnasio tiene más músculos o baja de peso más rápido que uno, es inútil. Cada cuerpo es diferente; y por lo tanto, trabaja a su propio ritmo. La vida cristiana funciona de igual forma. Hay personas que crecen en su vida espiritual mucho más rápido que otras. En este punto pueden influir muchos factores, pero nadie puede sentirse menos porque cree que otro está mejorando a pasos agigantados.

5. El crecimiento es individual.

Cada quien va al gimnasio para su propio beneficio y no hay manera de ejercitarse para el provecho de otro. El dolor del entrenamiento, los cambios en el cuerpo, y el resultado final es personal e intransferible. En la vida cristiana es igual. Nadie puede orar, leer la Biblia, ayunar o tener una relación con Dios a cuenta de otra persona. La salvación es intransmisible; y es absurdo e ilógico pensar lo contrario.

6. Requiere constancia.

Ir al gimnasio una vez por mes no tiene el mismo resultado que ir cinco veces por semana. Si uno no es constante en el ejercicio, no podrá tener los beneficios que espera. Este mismo principio se aplica en la relación con Dios. A veces el desgano se apodera del día y se pierde el anhelo de esforzarse para crecer espiritualmente. Sin embargo, si se permite que la falta de constancia avance, nunca se podrá tener una comunión más íntima y personal con Dios.

7. Puedes aparentar por fuera, pero la verdad yace en el interior.

Uno puede someterse a una cirugía plástica para reducir medidas y aumentar músculos; y luego ir al gimnasio y aparentar que su cuerpo es el producto del ejercicio y una alimentación balanceada. Sin embargo, aunque el exterior puede reflejar algo, en el interior siempre estará la verdad. En la iglesia también se puede simular llevar una vida de santidad, e incluso ser tomado como ejemplo para otros cristianos. No obstante, el único que conoce los corazones de las personas y sabe la verdad detrás de la fachada es Dios. Y Él no puede ser burlado.

 

Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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